CATÁLOGO | Panorama de narrativas
Tommaso y el fotógrafo ciego
Tommaso y el fotógrafo ciego es la última novela del gran escritor italiano Gesualdo Bufalino, fallecido en 1996, cuya edición original italiana se presentó de la siguiente manera:
Composición: entre una anestesia y otra, entre un by-pass y otro, por diversión.
Género: pieza grotesca de cháchara y acción. En caso contrario: una no-novela disfrazada de hipernovela, y viceversa.
Argumento: un periodista con ambiciones de escritor abandona por confusos motivos existenciales el trabajo, la familia, los amigos, exiliándose en el semisótano de un gran edificio metropolitano. Allí se convierte en espectador, actor y cronista de muchas peripecias, hasta una resolución final que precipita los acontecimientos e insinúa una hilazón metafísica y moral.
Estructura: una serpiente que se muerde la cola: cuando todo parece acabar, todo parece recomenzar. Para utilizar palabras gruesas, el paratexto entra en el texto y lo refuta. Con el maleducado propósito de desanimar la credulidad del lector.
Personajes: marionetas para un teatro de cámara, movidas por un hilo visible: mitad sombras, mitad cosas firmes.
Lugar: una Roma exangüe, telón pintado del que se utilizan, por mera fascinación fónica, las más comunes mitologías toponomásticas.
Época: más o menos contemporánea, con una franja de oscilación de una decena de años. Digamos entre 1990 y 1999.
Lengua: a manchas de leopardo, suntuosa y baja, como para adecuarse a la naturaleza del yo relator, cliente habitual del aula y de la calle.
«La constelación literaria que Bufalino siempre ha escrutado cuenta como estrellas fijas a Proust, Joyce y Borges. Un compañero de viaje entre los más próximos, por ultranzas de estilo, por la estrecha alianza de retórica y piedad, de retórico e impiedad, es sin duda Manganelli» (Massimo Onofri, L'Unità).
«Un cuento filosófico con acertijo, un apólogo que restalla como una novela policiaca metafísica» (Giuseppe Amoroso, Gazzeta del Sud).
«Una escritura exacta y a la vez densa, donde el rigor mental se enlaza con la más sensual corporeidad» (Lorenzo Mondo, La Stampa).
«Tommaso y el fotógrafo ciego recapitula la entera obra bufaliniana, una summa deslumbrante» (Gianni Bonira, La Sicilia).
RESEÑAS DE PRENSA
Tommaso y el fotógrafo ciego es la última novela del gran escritor italiano Gesualdo Bufalino, fallecido en 1996, cuya edición original italiana se presentó de la siguiente manera:
Composición: entre una anestesia y otra, entre un by-pass y otro, por diversión.
Género: pieza grotesca de cháchara y acción. En caso contrario: una no-novela disfrazada de hipernovela, y viceversa.
Argumento: un periodista con ambiciones de escritor abandona por confusos motivos existenciales el trabajo, la familia, los amigos, exiliándose en el semisótano de un gran edificio metropolitano. Allí se convierte en espectador, actor y cronista de muchas peripecias, hasta una resolución final que precipita los acontecimientos e insinúa una hilazón metafísica y moral.
Estructura: una serpiente que se muerde la cola: cuando todo parece acabar, todo parece recomenzar. Para utilizar palabras gruesas, el paratexto entra en el texto y lo refuta. Con el maleducado propósito de desanimar la credulidad del lector.
Personajes: marionetas para un teatro de cámara, movidas por un hilo visible: mitad sombras, mitad cosas firmes.
Lugar: una Roma exangüe, telón pintado del que se utilizan, por mera fascinación fónica, las más comunes mitologías toponomásticas.
Época: más o menos contemporánea, con una franja de oscilación de una decena de años. Digamos entre 1990 y 1999.
Lengua: a manchas de leopardo, suntuosa y baja, como para adecuarse a la naturaleza del yo relator, cliente habitual del aula y de la calle.
«La constelación literaria que Bufalino siempre ha escrutado cuenta como estrellas fijas a Proust, Joyce y Borges. Un compañero de viaje entre los más próximos, por ultranzas de estilo, por la estrecha alianza de retórica y piedad, de retórico e impiedad, es sin duda Manganelli» (Massimo Onofri, L'Unità).
«Un cuento filosófico con acertijo, un apólogo que restalla como una novela policiaca metafísica» (Giuseppe Amoroso, Gazzeta del Sud).
«Una escritura exacta y a la vez densa, donde el rigor mental se enlaza con la más sensual corporeidad» (Lorenzo Mondo, La Stampa).
«Tommaso y el fotógrafo ciego recapitula la entera obra bufaliniana, una summa deslumbrante» (Gianni Bonira, La Sicilia).